Quizás un día escuchaste una canción que te recuerda a tu expareja y sentiste que tu pecho se apretaba sin razón aparente. Tal vez alguien te preguntó en qué trabajas, justo después de perder tu empleo, y te quedaste en blanco. O quizás viste una foto tuya de hace unos años y no te reconociste, no a nivel físico, sino en quién eras, en lo que creías, en lo que pensabas que iba a ser tu vida.

En ninguna de estas experiencias vemos la muerte, y, sin embargo, algo se perdió, algo cambió, algo duele, y no siempre sabemos nombrarlo. Esto también es un duelo.

¿Qué es realmente el duelo?

Muchos de nosotros pensamos que el duelo solamente sucede cuando hay una muerte, cuando físicamente perdemos a un padre, una abuela, una mascota, pero la realidad es que el duelo abarca más de lo que creemos. El duelo es una respuesta natural ante cualquier pérdida significativa, no solo la muerte. El duelo no es definido por el tipo de pérdida, sino que por el vínculo que tenías con lo que ya no está.

Si un familiar nuestro fallece, nuestro entorno lo valida y nos apoya, pero si, por ejemplo, terminamos una amistad importante, es probable que quienes nos rodean no tomen en cuenta lo que nos sucede. La sociedad valida algunos duelos y suele minimizar otros. Existen rituales para despedir a los muertos, licencias laborales por fallecimiento, palabras de apoyo que nos acompañan, pero cuando perdemos una relación, un trabajo, una versión de nosotros mismos, el mundo continúa su ritmo como si nada hubiera pasado. Que experimentes una pérdida que, ante los demás, no sea relevante, no quiere decir que vivirlo en ti no lo sea.

El duelo no es proporcional a si los demás entienden tu pérdida. Es proporcional a lo que significaba para ti.

Los tres tipos de pérdida

El duelo por una relación

Una ruptura, un distanciamiento, una amistad que se disolvió sin pelea ni explicación aparente. El duelo relacional no es exclusivo de separaciones románticas, también se da cuando una amistad de años deja de ser, cuando una familia se fragmenta, cuando alguien que fue importante en tu vida deja de serlo.

Lo que tiende a confundir, y complicar, es que la persona sigue existiendo, solo que no en nuestras vidas. No hay un cierre claro, sabes que está por ahí y que podían verse o hablar, no se ha ido por completo. No hay una muerte que marque un antes y un después, a veces ni siquiera hay un momento exacto que de un cierre: solo un alejamiento que pasa gradualmente y un día se vuelve definitivo.

En este duelo no solo se pierde a la persona, se pierden las ideas, la ilusión, la identidad que tenías dentro de la relación, los planes, la versión de ti que existía en ese vínculo. Esa persona también desaparece cuando la relación termina y muchas veces no sabemos qué hacer con eso.

El duelo por un trabajo o proyecto

Perder un empleo no es solo perder ingresos, también es perder estructura, rutina, propósito, comunidad, incluso identidad. Muchas personas construyen una parte importante de quiénes son alrededor de lo que hacen. ¿Qué pasa cuando esto desaparece?

Aquí también hablamos de proyectos que nos hacían ilusión y no prosperaron, carreras que se abandonan, sueños que se postergaron y que se dejaron de sentir como posibles. Estas son pérdidas silenciosas que raramente reciben reconocimiento externo, pero por dentro nos duelen, nos mueven el suelo.

Nuestra cultura de empujar, de continuar sin detenernos, de buscar lo que sigue nos dificulta en este tipo de duelo. La pérdida de un trabajo suele tratarse como un problema logístico, no como una experiencia que hay que procesar. Si no nos detenemos, aunque sea un breve momento, el duelo queda sin espacio.

El duelo por una versión de ti mismo

Probablemente el duelo más silencioso y menos hablado de todos. Este es el duelo por la persona que eras antes de que algo cambiara: antes de una enfermedad, de un trauma, de una decisión que cambió el rumbo de tu vida. O por la persona que ibas a ser, el futuro que imaginaste y querías, y que no ocurrió.

Puede ser también duelo por creencias, roles o ideas que ya no te representan pero que sostenían algo en ti. Tal vez siempre pensaste que serías madre, y por alguna razón, este plan cambió. Dejar atrás una forma de verte a ti mismo, aunque sea para bien, implica una pérdida que merece ser reconocida.

Este tipo de duelo a veces se vive como una crisis de identidad sin que la persona sepa en realidad que está despidiendo una versión de sí misma.

Lo que hace difícil estos duelos

En nuestra sociedad hay escaso reconocimiento de este tipo de pérdidas, a pesar de que todos las vivimos en algún momento u otro. No hay rituales de despedida y pocas personas se “atreven” a acompañarnos en estas situaciones. La vida sigue y hay cierta presión de seguir funcionando igual con ella a pesar de que estamos atravesando momentos duros.

Quizás nuestro entorno nos dice, de manera directa o indirecta, que esto no debería afectarnos tanto, o que debemos estar agradecidos por los cambios y nuevas oportunidades que la vida nos da. Los duelos no nombrados y no procesados no desaparecen, reaparecen en nuestras vidas con otro disfraz: ansiedad, irritabilidad, vacío, problemas de sueño. Sin embargo, estos duelos sí tienen solución, y sí merecen acompañamiento.

Acompañar lo que fue

En la consulta aparecen con frecuencia personas que cargan con duelos que ni siquiera sabían que era un duelo. Llevan años con un malestar al cual no le han dado espacio, no porque no quieran procesarlo, sino porque nadie les había dicho que podían hacerlo.

En terapia, lo primero que hacemos es validar esta pérdida y nombrarla como lo que es para ti. No buscamos superar y olvidar, buscamos integrar esto que sucedió en tu nueva vida. Es como cuando tenemos una caja de crayones y compramos más crayones que ya no caben; no tiramos esos colores nuevos, buscamos una caja en donde todo quepa.

No hay duelos pequeños ni grandes, hay duelos propios, y todos merecen el mismo cuidado.

Si hay algo que perdiste – una relación, un trabajo, una versión de ti – y sientes que nunca le diste el espacio que merecía, ese también es un buen lugar para comenzar. Puedes escribirme aunque no tengas claro qué necesitas.

¿Tienes preguntas sobre este enfoque o sobre cómo funciona un proceso terapéutico?

Puedes escribirme con toda confianza. No es necesario tener todo claro para hacer contacto.

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Stephanie Paiz

Psicóloga Clínica Humanista · TFE

Psicoterapeuta humanista especializada en Terapia Focalizada en la Emoción. Acompaña procesos individuales en jóvenes y adultos en Guatemala.